Por qué cuesta tanto dejar de fumar
Si has intentado dejarlo y ha costado, no es que te falte carácter. La dependencia al tabaco no es una sola cosa, son tres entrelazadas.
Física. La nicotina llega al cerebro en segundos y activa los circuitos de recompensa. Cuando falta aparece el síndrome de abstinencia: irritabilidad, ansiedad, dificultad para concentrarte, más apetito. Es incómodo, pero temporal: la parte más intensa suele durar entre unos días y unas dos semanas.
De hábito. Años de repetición han unido el cigarrillo a momentos concretos: el café de la mañana, el coche, una pausa, una copa. Esos atajos no desaparecen solo con fuerza de voluntad; hay que construir otros nuevos.
Emocional. El cigarrillo se convierte en una herramienta, imperfecta pero rápida, para gestionar el estrés, el aburrimiento, la tristeza o incluso la alegría. Dejarlo implica encontrar otras formas de regular esas emociones, y eso lleva su tiempo.
Por eso un enfoque que trabaje los tres frentes a la vez funciona mejor que confiar solo en aguantar. La OMS recomienda combinar apoyo conductual con tratamiento farmacológico cuando es apropiado.
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